REVELACIÓN DEL INFIERNO

REVELACIÓN DEL INFIERNO
JUNTO A JESÚS FUE AL INFIERNO

LA HOMOSEXUALIDAD ES UNA ENFERMEDAD FUE RETIRADA DEL CATÁLOGO DE TRASTORNOS MENTALES, SIN NINGÚN ES

sábado, 21 de septiembre de 2019

QUIEN DERRAME SANGRE DEL HOMBRE, SU SANGRE SERÁ TAMBIÉN DERRAMADA, PORQUE DIOS CREÓ AL HOMBRE A IMAGEN SUYA. GÉNESIS 9, 6







Los animalistas dicen:
Toda especie tiene derecho a vivir hasta que se agote su tiempo natural. Todos somos iguales, todos somos vida, y debemos amar y conservar esa vida en todos los casos equitativamente.

Existen motivos principales por los cuales los humanos debemos proteger a las especies:

Por los efectos que pueden generar la extinción en el ecosistema
Si se pierde una especie, todas las demás corren peligro
La vida animal supone una red de especies insustituible, totalmente interconectada y con la que interactuamos.
Porque la vida animal ofrece servicios naturales esenciales para el ser humano: recursos medicinales, alimento y patrimonio natural.
Porque la biodiversidad es saludable para los ecosistemas.
El derecho a la vida, el amor y el respeto hacia estos y hacia la fauna.
Cada especie tiene su papel en el ecosistema,
una amenaza para el ser humano y sus recursos.




Es obvio que resultaría ridículo aprobar una ley para proteger aves en peligro de extinción que tuviese una formulación como la siguiente: “Serán multadas aquellas personas que destruyan huevos fecundados de águilas que tengan más de 10 días de incubación. Cuando sea destruido un huevo fecundado que tenga menos de 10 días de incubación el acto no adquiere responsabilidad penal”.

Los amigos de las águilas y los ecologistas dirían que esa ley es absurda. Y tendrían toda la razón. Para proteger la reproducción de un ave se requiere aprobar normas que garanticen al máximo la integridad de todos sus huevos fecundados.

Establecer una línea divisoria entre huevos protegidos y huevos no protegidos llevaría a permitir que los enemigos de las aves pudiesen destruir cientos de huevos “prematuros” o de pocos días sin ser castigados por ello, lo cual implicaría gravísimas consecuencias para la supervivencia de la especie que se desea proteger.


Pero no nos damos cuenta de que es mucho más grave el absurdo de aquellas “leyes de plazos” que permiten el aborto de los embriones humanos cuando son muy pequeños, y luego protegen a los embriones cuando están más crecidos. ¿Es que es menos importante un hijo que una cría de águila?

Constatamos, en efecto, la existencia de países en los que los embriones humanos pueden ser abortados si no han cumplido un número de semanas fijados por la ley. Porque, según se dice, todavía no están desarrollados, no son “personas” ni merecen protección legal.

Pero esos mismos países aprueban normativas que prohíben la destrucción de los huevos fecundados de águila, ni siquiera cuando el desarrollo embrionario de esos huevos apenas está en sus inicios.


Frente al absurdo de situaciones como las que ya se dan en algunos países que se consideran “progresistas”, “democráticos”, y promotores de los derechos de la mujer, hay que abrir los ojos y despertar las conciencias: nadie, por ningún motivo, debería tratar a otro ser humano como un objeto que pueda ser destruido a placer, y nunca, por ningún motivo, deberíamos aceptar que un animal cuente con más protección legal que un hijo.

Garantizar la oportunidad de nacer a todos los hijos, ayudar a sus madres, promover y aprobar leyes auténticamente justas, es una urgencia mayor que la que algunos sienten por rescatar los huevos de algunas aves consideradas muy valiosas.


“la vida humana comienza con la fecundación, esto es un hecho científico con demostración experimental; no se trata de un argumento metafísico o de una hipótesis teológica. En el momento de la fecundación, la unión del pronúcleo femenino y masculino dan lugar a un nuevo ser con su individualidad cromosómica y con la carga genética de sus progenitores. Si no se interrumpe su evolución, llegará al nacimiento”.


Las leyes civiles establecen que existe una persona desde que el óvulo es fecundado por el espermatozoide con independencia de su grado de desarrollo, entonces no hay margen de duda de que el aborto es, en efecto, la interrupción de un embarazo, pero tal interrupción se concreta eliminando una persona. Vida humana que no es en potencia, sino en acto. No es un proyecto de persona, sino una persona. Por tanto, las repercusiones serían inocultables en ese sentido: quienes propugnan la legalización del aborto deberán reconocer que con dicha práctica se está eliminando una vida humana existente, frágil de toda fragilidad.

Se prohíbe imponer pena de muerte al menor de dieciocho años y a la mujer en “estado de gravidez”; lo que se está defendiendo en estos casos es el derecho a la vida del gestado.




La especie humana es única y domina la tierra



Salmos 115, 16
Los cielos son los cielos del SEÑOR; pero la tierra la ha dado a los hijos de los hombres.


Génesis 1, 26-28
Dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que tenga autoridad sobre los peces del mar y sobre las aves del cielo, sobre los animales del campo, las fieras salvajes y los reptiles que se arrastran por el suelo.
Y creó, , Dios al hombre a su imagen.
A imagen de Dios lo creó.
 Varón y mujer los creó.
Dios los bendijo diciéndoles: Sean fecundos y multiplíquense.

Llenan la tierra y sométanla. Tengan autoridad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra.




ALGUNAS FUENTES:




                                                                                                























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